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Caos y utopía en Berlín

De Madrid a Berlin El Chaos Communication Congress reune en la capital alemana a 2500 hackers, curiosos y entusiastas de toda Europa con su 17ª convocatoria anual.

Javier Candeira, 29 de Diciembre de 2000

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Berlín está muy al este y muy al norte del continente europeo, más cerca de Moscú que de Madrid. La ola de frío ha cubierto la capital de la vieja República de Weimar con una capa uniforme de nieve, y la barre con un viento no menos uniforme, que corta la respiración. Pero los alemanes saben de calefacción, y el millar largo de ordenadores que hay en el centro de congresos Am Kölnischen Park despide unos 300.000 watios, así que la sede del 17º Chaos Communication Congress permite pasarse el día entero en camiseta.

Todo el mundo lleva camiseta. Como mucho, alguno lleva ropa con cremalleras. Podría peinarse el congreso y sólo encontrar uno o dos botones de camisa, probablemente olvidados por los anteriores ocupantes del centro, un antiguo local de adoctrinamiento de la República Democrática Alemana. La mayor parte de las camisetas son negras u obscuras. Y casi todas ostentan el logo de un proyecto no comercial. Debian GNU/Linux. Gnutella (clon de Napster con licencia libre). El logo del Chaos Computer Club. El lema de la edición del congreso de este año, Explicit Lyrics.

Casi todos los participantes tienen algún proyecto que apoyar, algo en cuya construcción aportar, aunque sólo sea el doble empuje económico y moral que supone a) comprar la camiseta y b) llevarla en público. Casi todo el mundo tiene algo de lo que hablar con ilusión, algo en lo que creer, algo valioso que proteger mientras crece. Casi todo el mundo forma parte de un Proyecto. La imagen que dan los cientos de hackers que abarrotan el Hackcenter (sala del congreso dedicada a la presentación informal de proyectos privados) dista mucho de la estampa prototípica de un adolescente nihilista y destructivo, asocial, introvertido, desaseado, absorto.

Las tres de la madrugada en el Hackcenter del Chaos Communication Congress

Bueno, algo desaseados sí que estamos todos, y más tras dos noches de saco de dormir en cualquier esquina. Y absortos, lo que se dice absortos... muchos. Entregados a su pasión, a su proyecto, escribiendo código, depurándolo, o escudriñando atentamente las líneas que desfilan por la consola de su ordenador mientras la máquina compila, y el disco duro destila su run-run acompasado con algún MP3 de tecno ambiental.

Conferencias y talleres: orden en el caos

  Las cifras del congreso
  • 2.342 acreditados.
  • 65 conferenciantes.
  • 50 miembros de la organización.
  • 6.Mb/s de ancho de banda consumido.
  • 1181 Gigabytes de tráfico acumulado, o algo más de un Terabyte.
  • 8 eventos simultáneos: Hackcenter, 2 salas de conferencias, Chill-out, Haecksencenter, Art&Beauty, cerrajería deportiva.
  • 12 horas diarias sin cafetería, de 8 de la tarde a 8 de la mañana.
  • Incontables litros de bebidas con cafeína consumidos: as botellas vacías alfombraban todas las superficies no ocupadas por otros objetos o personas.

  • El Chaos Communication Congress se define como una conferencia sobre tecnología, sociedad y utopía. Desde 1984 el Chaos Computer Club, el grupo de hackers más notorio de Europa, viene dedicando los días 27 al 29 de diciembre a un congreso cuasi científico, con ponencias y talleres titulados Criptografía de curvas elípticas o Sistema de compartición de secretos basado en la factorización y la interpolación lagrangiana de polinomios. Como decía el torero, "hay gente pa tó", y la mayor parte de las sesiones están repletas. Menos mal que en el vestíbulo de las salas de conferencias hay televisores desde los que se pueden seguir las charlas, sea de pie o -si hay suerte- sentados en un cómodo sillón hinchable de plástico transparente, de color azulado.

    La mayor parte de las charlas son en alemán. Sin embargo, una minoría perceptible de los asistentes son extranjeros. Es fácil oír conversaciones en inglés norteamericano, en sueco, en portugués, incluso en español. Lo más destacado del hacker underground español se ha citado en Berlín, ocho personas. Ironías de la vida, viven en lugares distintos de España, y se ven en persona en Berlin, durante el CCC. Uno de los españoles sale de una conferencia visiblemente encantado. "Sí, la charla está en alemán, pero enseñan código, las proyecciones son código C. Y se puede seguir la charla por el código". El periodista, en su ignorancia, supone que esto funciona de modo similar a un congreso de matemáticas o de biología, donde los lenguajes universales de la lógica simbólica y la formulación química salvan el abismo lingüístico.

    El CCC ya sería bastante Congreso sólo con las conferencias técnicas y las relaciones que se traban en los pasillos y la cafetería. Pero el congreso es más, mucho más que las charlas y los talleres. Está el Hackcenter, donde todo el mundo es protagonista de la revolución digital, la de verdad, la que se hace batiéndose el cobre frente al código y no escudado tras un punto.com. Está la sala del Art&Beauty Projekt ("proyecto arte y belleza"), una coalición de proyectos artísticos vinculados por el uso de las tecnologías digitales, que ofrece este año su segunda edición en el CCC. Está el Haecksencenter, sala dedicada a las mujeres, donde se dan clases de masaje, se juega a Super Mario Kart 64 en un proyector gigante y donde los hombres entran estrictamente como invitados. Está la sala de prensa, que a las seis horas de empezar el congreso ya ha sido tomada por los responsables de la radio del congreso.

    Diagramas de cerrajería deportiva Los colegas de la radio del congreso merecen mención aparte: llegan al cuarto dedicado a la prensa (donde minutos antes un periodista suizo y el que firma este artículo se miraban como diciendo: "¿Dónde están los demás?") como un pelotón de Fuerzas Especiales, tiran cables de Ethernet, instalan routers, plantan sus ordenadores y empiezan a emitir 25 minutos después de encontrar la sala. Eficiencia cuasi-militar, y sin embargo no hay una jerarquía clara, sino una descentralización. Cada uno sabe lo que tiene que hacer, y la radio ocupa el espacio antes desocupado por la prensa igual que se extiende un hongo por la gelatina de un cultivo: de forma orgánica, desordenada pero inexorable.

    Hackers en el mundo material

    Y, por supuesto, está el concurso de cerrajería deportiva. Lo que significa abrir candados y cerrojos contra reloj, en competición, provistos sólo de ganzúas manuales o, en la modalidad estilo libre, de herramientas automáticas. Es curioso el paralelismo existente entre el hacker y el cerrajero deportivo. El código de honor de la cerrajería deportiva (tras tanta repetición el término parece hasta sensato) prohíbe abrir cerraduras ajenas sin permiso explícito del dueño, dañar cerrojos o puertas, y deja claro que el deporte es sólo una habilidad que entrenar, de la que enorgullecerse, y un contínuo proceso de aprendizaje, de búsqueda, de exploración.

    Veamos la definición de "hacker" en el diccionario canónico, The Hackers’ Dictionary, de Eric Raymond: Hacker: 1. Persona que disfruta explorando los detalles de sistemas programables y cómo llegar al límite de sus posibilidades, al revés que la mayor parte de los usuarios, que prefieren aprender lo mínimo necesario. 2. Alguien que programa con entusiasmo (incluso obsesivamente) [...] 4. Una persona que es buena programando rápidamente. 5. Un experto en un programa particular, o alguien que trabaja frecuentemente sobre él o en él; "un hacker de Unix".

    En primer plano, los hackers de Rock Linux

    Estas acepciones son las que, de forma implícita (y explícitamente en los banners que anuncian su proyecto) adoptan Fake y Esden, post-adolescentes (es difícil apreciar su edad; uno diría que no cumplen 20 ni esperando un par de años) que llevan ya 24 horas escribiendo código y trucando hardware en directo. Fake está arreglando un lector de tarjetas magnéticas para hacer un sistema en el que cada usuario se identifique mediante su tarjeta, no a través de una contraseña.

    Esden está compilando la distribución de Linux en la que ambos colaboran, Rock Linux. Es una distribución "para administradores", lo que quiere decir que es muy configurable, en detrimento de su usabilidad por usuarios novicios. Pero Fake y Esden tienen claro que hay un sitio para cada uno en el espacio mental de GNU-Linux, y ellos tienen el suyo. Como dice el lema de su anuncio, Soy un hacker... y uso Rock Linux.

    Banner-anuncio de Rock Linux

    Esden tiene además un reto auto-impuesto: "portar" su distribución a la plataforma Silicon Graphics, un procesador y una arquitectura muy diferentes del Intel x86 que late dentro de la mayor parte de los PCs domésticos. Lo tiene difícil, porque tiene que descargarse las herramientas desde Internet, y en este momento (la noche del primer día del congreso) la red del centro está kaputt. Muy kaputt. El principal desarrollador de Rock Linux anda por el otro extremo del hackcenter, tirando cables debajo de las mesas y configurando direcciones locales. La organización se ha visto superada superada. Seriamente superada. Andy Mueller-Maguhn, portavoz del CCC y recién nombrado miembro del Consejo de Dirección de ICANN (el gobierno virtual de Internet) cita al periodista para una entrevista al día siguiente.

    Víctimas propiciatorias, chivos expiatorios

    Es la hora de asistir a la proyección del documental Freedom Downtime (algo así como "Apagón de libertad"). La película, grabada en vídeo digital doméstico y editada en un Mac, narra las tribulaciones legales de Kevin Mitnick, el más notorio hacker de los Estados Unidos: tres años y medio en prisión preventiva, sin fianza, sin juicio. ¿A cuántas personas violó, torturó, mató Kevin Mitnick? A ninguna. Sus únicos delitos: copiar una información sin permiso del autor, mentir en llamadas telefónicas. Su condena:12 años de acoso policial, y una libertad vigilada (su estado actual) que le prohíbe acercarse a un ordenador, o incluso dirigirse en charlas públicas a audiencias de usuarios de ordenadores.

    "¿Cómo se va a ganar la vida Kevin Mitnick?", pregunta retóricamente al público del congreso Emmanuel Goldstein, autor del documental. "Los hackers son el nuevo chivo expiatorio de los miedos más profundos de Norteamérica. La presión abusiva y avariciosa de las corporaciones y la ignorancia de las autoridades se alían para pintar a los hackers como enemigos públicos, capaces de lanzar misiles nucleares silbando un código secreto en el micrófono de su teléfono móvil. [carcajada del público]. Como ya no hay comunistas, la maquinaria represiva de los Estados Unidos necesita un nuevo enemigo, y han puesto sus miras sobre los hackers, y sobre Kevin Mitnick como símbolo de ese extraño poder que temen tanto como desconocen".

    Eric Corley, alias Emmanuel Goldstein, al teclado El propio Emmanuel Goldstein está pasando su calvario particular. Editor de la revista hacker 2600, Goldstein se llamaba Eric Corley, hasta que cambió su nombre por el del protagonista de 1984, la novela en la que George Orwell denunciaba el estado policial estalinista. Es un gesto de protesta que define bastante bien a este cuarentón norteamericano, buen orador público (además de la revista 2600 también dirige y presenta un programa de radio) pero algo tímido en el cara a cara. Goldstein es un radical norteamericano, del tipo de persona que dió los voluntarios del bando republicano en la Guerra Civil Española: antes morir que callar bajo el yugo de un tirano, esté donde esté. El némesis de Goldstein es la MPAA, la Asociación Norteamericana de la Industria Cinematográfica.

    Goldstein ha sido condenado ante un tribunal de Nueva York por hacer enlaces de hipertexto a un programa que permite ver DVDs en ordenadores con el sistema operativo Linux. La acusación privada ha afirmado, constantemente, que el DeCSS (así se llama el programa) es una herramienta para la copia ilegal de DVDs. Goldstein responde que este es un argumento viciado, si no falso. Primero, los piratas usan otras herramientas, y se copiaban DVDs antes de la existencia de DeCSS. Segundo, DeCSS sirve para poder ver las películas que uno ha comprado legalmente. Ninguno de estos argumentos ha servido para exonerar a Goldstein, que fue condenado a no enlazar a ese código. Recordemos que los enlaces, los saltos hipertextuales, son el contenido de la web. Goldstein afirma que su derecho a la libre expresión se ve menoscabado.

    Y aquí entra en juego de nuevo la ética hacker. Goldstein resume, en sus propias palabras, lo mismo que dice Raymond en su Hacker’s Dictionary: Ética hacker: 1. La creencia de que compartir la información es un bien positivo muy poderoso, y que es un deber ético de los hckers compartir su experiencia escribiendo código abierto y facilitando acceso a la información y a los recursos de computación cuando sea posible. 2. La creencia de que la intrusión en sistemas con fines recreativos es éticamente correcta mientras el intruso no cometa robo, vandalismo, o revele información confidencial.

    Artistas hackers, hackers poetas, hackers que fabrican luchadores de Sumo con piezas de LEGO

    En su segunda acepción es donde la ética hacker diverge del código ético de los cerrajeros recreativos. Abrir las puertas de los demás no se considera "una actividad recreativa". Y sin embargo abrir su ordenador y entrar hasta la cocina está bien, mientras uno no haga ruido ni robe los yogures de la nevera.

    Y hay tantas definiciones de hacker como personas en el congreso. Carlo von Loesch, un programador de sistemas de chat que circula por la sala Art&Beauty (el periodista se acerca a él porque parece conocer a todo el mundo) define al hacker como "alguien que utiliza la tecnología para un uso distinto del previsto por el diseñador original". Los lectores atentos habrán reconocido el axioma cyberpunk acuñado por William Gibson en su cuento Quemando Cromo: La calle encuentra sus propios usos para las cosas.

    Hacker, en la acepción original, era alguien que hacía muebles con un hacha. Ahora es alguien que corta y pega tecnologías, que levanta Yahoo! de la noche a la mañana con hardware de segunda mano y un sistema operativo escrito por estudiantes y aficionados en su tiempo libre. Y en la sala Art&Beauty hacker es todo aquél que utiliza la tecnología para el arte y la belleza, cuando sus diseños originales estaban orientados al control de procesos industriales, al cómputo cientiífico, a las comunicaciones militares.

    Hacker es Antenne, la artista que ha montado Shroom, una seta interactiva sobre la que unos proyectores dibujan secuencias de video controladas por el público de la sala. Hackers son los miembros del proyecto C-Base que están promoviendo un remake colectivo de 2001: Una odisea en el espacio (cuya hilarante premiere parcial será, dos días más tarde, el broche que cierre las actividades oficiales del congreso). En este congreso del Chaos Computer Club, en una reunión hacker hay sitio para la poesía de los Poetry-Slams, recitales colectivos que en este entorno berlinés se tiñen de aires de sátira y cabaret clásico.

    Y hackers legendarios son los creadores de robots de juguete que luchan a vida o muerte en dos metros cuadrados escasos de plancha de metal. Cada intricado mecanismo de engranajes y plástico brillante encarna las mentes de un equipo de hackers, y los representa en la arena del combate con estertores de correas de plástico y ánimo de baterías alcalinas.

    Sumo entre robots de lego: a las cuatro de la tarde

    Y por cada robot que cae empujado fuera de la mesa de la lucha (y es recogido por las manos de un público solícito), hay otro robot victorioso tras cuyo esfuerzo se asoma un grupo de personas que, juntas, tienen un pequeño proyecto, y lo constuyen, y lo cuidan, y lo animan en este pequeño teatrillo que es del Sumo de Robots de LEGO y que representa, de forma simbólica, el gran teatro del mundo.

    Un mundo tecnológico que está ahí, al alcance de cualquiera que tenga las ganas y el ingenio de usarlo de forma distinta a como su creador lo propuso.

    Artículo y fotos © 2000 Javier Candeira. Se permite su reproducción íntegra mientras conserve esta nota de copyright e incluya un enlace a hiperactivo!.

    El Chaos Computer Congress a través de sus organizadores:

    Wau Holland, abogado de ángeles, pequeño demonio

    Wau Holland en el chill-out del congreso Wau Holland es uno de los co-fundadores del Chaos Computer Club. En este congreso se ha puesto a trabajar como uno más de la veintena de voluntarios (Engels o "ángeles") que controlan la puerta, la megafonía, los horarios... Es un bromista inveterado, y en su acreditación dos trazos de rotulador han cambiado la palabra "Engel" por "Bengel" (diablillo, travieso). En la sala de descanso de los voluntarios un cartel los anima a la huelga: es el propio Wau quien lo ha puesto. Siempre del lado de los que menos poder tienen.

    P: ¿Qué tal está yendo este congreso?
    R: ¡Muy bien! Hemos traído a representantes de la industria discográfica, y hemos tenido un debate sobre el MP3. No estamos de acuerdo, pero podemos hablar. Y les he regalado una copia documento privado (suyo) que teníamos en nuestros archivos desde los 80, cuando el gran llanto era la "piratería" de música en cassette.
    P: ¿Volvemos siempre al mismo tema?
    R: Sí, siempre al final todo es la libertad frente a las barreras artificiales.
    P: El hacker, ese afán de saltar las barreras, ¿es una actividad política?
    R: ¿Se puede no ser político? Yo creo que todos los actos tienen una faceta política. Con la Verdad del Mercado nos intentan hacer ver que todo es economía, y que siempre es buena para todos. Pero no es posible no tener una visión política, que nos dice lo contrario.

    Andy Mueller-Maguhn, un hacker para el gobierno de Internet

    Mueller-Maguhn con el monolito de 2001: una odisea en el espacio Andy Mueller-Maguhn es el portavoz del Chaos Computer Club, y el representante europeo en el ICANN, elegido por votación popular de los internautas. Esto es, todos los internautas que se enteraron de la existencia de unas elecciones y se registraron en el plazo publicado.

    P: ¿Cómo llega el portavoz de un grupo hacker al gobierno mundial de Internet?
    R: Conspirando (risas). No, el CCC en alemania tiene una tradición política, no es como los grupos hackers USA, más interesados en lo técnico. Aquí tenemos una tradición de defensa de los derechos individuales, de cuestionar las instituciones. Esa fama me ha ayudado, sin duda.
    P: ¿Qué papel tiene en ese gobierno? ¿Puede hacer algo?
    R: Realmente es muy difícil, porque yo considero que mi trabajo es defender al usuario individual frente a los intereses de las empresas. Pero es mucho trabajo, la gente hace jornadas de 14 horas sin parar ni para comer, y mientras que los representantes de las empresas se turnan para ir a las reuniones, yo no puedo estar en dos reuniones a la vez... es frustrante.
    P: ¿Qué tal es el congreso este año?
    R: Caótico. Pero mejor que el del año pasado, de hecho. Hemos hecho menos publicidad, y tenemos a menos chalados, ya sabes, gente rara que no va de esto y que vienen a que les escuchen.

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